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La Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona empezó siendo un
proyecto en el que había depositadas muchas ilusiones y muchas
expectativas por parte de todos los fundadores, y si la memoria no me
falla recuerdo que sus inicios no fueron muy fáciles y se tubo que
trabajar mucho para sacarla adelante. Solo el hecho de haber formado parte de la primera promoción me hace
afortunado. Recuerdo de manera entrañable a muchos de los profesores
que tuvimos: Rodrigo, Navarro, Cusidó, Jané, Parellada, Sans, etc...
Todos ellos con sus conocimientos, sus técnicas y, por qué no decirlo,
con mucha paciencia, hicieron posible que aprendiéramos y que amáramos
el oficio de pastelero. Fue un tiempo muy especial, que añoro a menudo, tanto por todo lo que
vivimos y aprendimos como por el grupo de amigos que formamos. En el transcurso de los años, he comprobado que aquella ilusión que
compartíamos tanto los dirigentes gremiales como los alumnos como los
agremiados se ha ido consolidando y se ha conseguido un objetivo muy
significativo: la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona es,
sin lugar a dudas, la más importante del Estado. La Escuela tiene que continuar creciendo, tanto en el número de
alumnos como en la calidad de la enseñanza. Y lo que es más
importante: tiene que saber transmitir a todos los alumnos la estima
por el oficio que imparte y que yo tengo la suerte de poder ejercer. Estoy seguro de que mi paso por la Escuela de Pastelería fue
determinante para que continuara en el oficio que ya hacía muchos años
habían iniciado mis padres. Mi agradecimiento a todas las personas que desde su inicio y hasta la
actualidad han pasado por la Escuela y han contribuido a ponerla en el
lugar que le corresponde.
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