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Se ponen todos los ingredientes en la amasadora y se deja trabajar
hasta que tenga la textura adecuada. Esto se sabe cuando, cogiendo un
trozo de masa, se puede estirar hasta que queda prácticamente
transparente. Llegado este punto debe sacarse de la amasadora y se deja reposar en
la mesa, untando la superficie de la masa con aceite para que no acoja
corteza. Después de un breve reposo se divide la masa en porciones de 150-200 g
(según la medida de la corona) y se hiñen para que la pieza resultante
sea más regular. Se vuelve a untar de aceite la superficie de la pieza
y se deja reposar de nuevo. Una vez reposada se debe clavar el dedo en el centro de la masa para
traspasarla y practicar un agujero que, con movimientos circulares de
ambas manos, se irá agrandando hasta adquirir el diámetro necesario
(unos 20-25 cm para el peso indicado). Se deposita en la lata de horno con cuidado y se acaba de dar la forma
circular. Se pinta la superficie con huevo y se deja fermentar a 30ºC
hasta que la pieza duplique su volumen. Una vez fermentada se debe cocer a 190-200ºC hasta que obtenga un
color dorado. Cuando esté fría, se abre por la mitad y se rellena con nata, se tapa
y se cubre con azúcar lustre.
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